¿El ajedrez, deporte rey de la Corte, puede salvar una vida?
Estaban jugando en uno de los salones del Palacio del Escorial el rey Felipe II y su capellán Ruy López.
Estaban muy pendientes de la puerta de entrada, sobre todo el rey.
Se abrió al fin y apareció el verdugo. Comentó que el reo se resistía, que quería ser bendecido por un obispo antes de que le corten la cabeza.
El rey se lo concedió pero en ese momento no había ninguno en la Corte. Para solucionarlo, haciendo uso de su absoluto poder, nombró obispo de Zamora, a su capellán. Le encomendó esa tarea y se dirigió a la cárcel con mucho dolor en el corazón, ya que el sentenciado era su amigo del alma, el Duque de Medina Sidonia, ex-favorito.
Como faltaba una hora para la ejecución y se les ocurrió la idea de jugar una partida. Se formó "la barra" y un gran espectación ya que el nuevo obispo de Zamora, Ruy López, es el campeón del mundo de ajedrez.
Por sorpresa ganó el Duque, pensando algún que otro que había sido un detalle piadoso por parte de su amigo. Terminada la partida se dirigió al lugar donde su vida presuntamente acabaría.
Creyendo Felipe que la ejecución ya hubiese terminado le pidió al Conde ( el que había reemplazado al Duque) el decreto referente al crimen y el castigo del difunto Duque. El Conde metió la mano en la escarcela, pero con tal mala suerte que en vez del decreto le entregó el plan de conspiración contra él, donde su nombre figuraba de primero. Fue como se supo que el Duque de Sidonia es inocente.
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PRISIÓN PARA PIZARRO
El paso del tiempo no hace olvidar reyertas pasadas.
El paso del tiempo no hace olvidar reyertas pasadas.
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Se hace saber que nuestro ilustrísimo Francisco Pizarro pasó unos días en una cárcel de Sevilla a su regreso a España . Un viejo "amigo" de las Indias, lo estaba esperando y se vio metido en unos sucesos que lo llevaron a prisión. El mismo Carlos I intervino para que de nuevo la suerte sonriera en su merecido descanso en la Corte.
Como siempre el motivo, un ajuste de cuentas de Santa María la Antigua.
EL ELOGIO DE LA LOCURA
El nacimiento de una nueva diosa
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Españoles hago saber que, basado en estudios hechos recientemente por un filósofo-humanista de preciado reconocimiento a nivel mundial, Erasmo de Rotterdam, la locura se puede identificar con una diosa que nos permite alcanzar la felicidad. Por lo tanto estamos asistiendo al nacimiento de una nueva deidad, La Locura, diosa de la felicidad.
EL ELOGIO DE LA LOCURA
El nacimiento de una nueva diosa
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Españoles hago saber que, basado en estudios hechos recientemente por un filósofo-humanista de preciado reconocimiento a nivel mundial, Erasmo de Rotterdam, la locura se puede identificar con una diosa que nos permite alcanzar la felicidad. Por lo tanto estamos asistiendo al nacimiento de una nueva deidad, La Locura, diosa de la felicidad.
Garcilaso de Vega
Don Juan...Amigo de Cupido?!
Don Juan...Amigo de Cupido?!
Breydy
La mayor parte de las obras de este autor suponen una exaltación de su más grande devoción, el amor. Aunque sus idilios conocidos no son quién de imputarle la fama de Donjuán, indicios hay para creer que vivió de continuo "en la concha de Venus marrado".
El mismo Fernando de Herrera dijo " Tuvo en su tiempo mucha estimación entre las damas".
El primer amor de Garcilaso fue la joven quinceañera Guiomar Carrillo, vecinos y su relación se remonta a los juegos infantiles para luego convertirse en adolescentes y terminar con escarceos amorosos.
"¿No se te acuerda de los dulces juegos ya de nuestra niñez,
que fueron de leña destos dañososos y encendidos fuego?"
En la corte de Valladolid, conoció a la que sería su mujer, Doña Elena de Zuñiga. Viajó a Portugal y en este conoció ala que sería la esposa de su hermano Pedro Laso, Beatriz de Sá. Se dice que sus encantos no pasaron desapercibidos y nació en él un amor tan intenso como prohibido. También conoció a la musa de sus encendidos y lamentosos verso, Isabel Freire.
Según una confesión propia en el testamento del poeta, sabemos que tuvo una aventura erótica con una chica extremeña, una campesina o criada del señorío familiar.
Cuando entró al servicio del Virrey de Nápoles olvidó su anterior amor para dejarse llevar por las "sirenas napolitanas", sobre todo una dama que genera en sus versos pasión y celos como en el soneto VII:
"Yo había jurado nunca más meterme
a poder mío y ami consentimiento.
En el otro tal peligro, como vano,
mal del que viene no podré valerme,
y en esto no voy contra el juramento,
que ni es como los otros ni en mi mano."



